Denise Despeyroux
Mis obras suelen tener argumentos disparatados y fantasiosos. Me gusta la idea del dramaturgo como demiurgo de otros mundos posibles, con sus leyes propias, pero otros mundos que a la vez nos ayudan a indagar en los misterios de este que nos toca. A veces escribo sobre el Más Allá, que es una fuente inagotable para aprender sobre el Más Acá; del mismo modo que la ficción es una fuente inagotable para aprender sobre la realidad. Diría que eso que llamamos voz propia, en un autor, no es más (ni menos) que una forma de mirar especial y única. El estilo no es más que la consecuencia de una mirada singular. Y esa mirada, para que realmente llegue a descubrirnos algo, tiene que haberse desplazado de lo evidente. Un matiz es algo que normalmente se escapa; un dramaturgo persigue precisamente eso, lo que no se deja apresar, lo que se escurre… en una situación, en un rincón del alma, en un sueño, en todo aquello que sirve para construir eso que luego llamamos realidad.